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En
el año 1959, los Marmillod regresaron a Suiza, donde
intentaron quedarse el resto de sus vidas. La mudanza fue
puntual, en parte por las condiciones de vida y de trabajo
en Argentina, que habían empeorado a lo largo de los
años por problemas políticos y económicos.
Pero las montañas eran parte de ella también.
Frédy quería vivir más cerca de las montañas
y regresar a los Alpes.
Las tareas de Frédy en Sandoz cambiaron con el regreso
a Suiza. Regresó a la investigación química,
y más tarde, luego de su retiro oficial en el año
1965, fue asesor de un programa de prueba de drogas en hospitales.
De vuelta en sus queridos Alpes, Dorly y Frédy recuperaron
parte del tiempo empleado en otros lugares de montañas
distintos a las suyas, los Alpes. Invitaron algunos amigos
para comer algunas fondue y reírse de los viejos tiempos,
y se organizaron para salir casi todas las semanas a escalar,
navegar o esquiar. Subieron la mayoría de las cimas
altas en los Alpes y les gustaba particularmente la región
Valais (conocida entre los montañistas ingleses como
el Pennine y los Alpes Berneses). Pocos de sus viejos amigos
estaban en la misma y buena forma física, como antes,
por lo que los Marmillod generalmente escalaban solos, y en
rutas no comunes. Para evitar las multitudes del fin de semana,
escalaban a mediados de semana, especialmente luego del retiro
de Frédy cuando comenzó a trabajar la mitad
de horas que antes. Luego, trabajó aún menos
y escaló más.
Durante toda su carrera montañista, los Marmillod,
nunca recurrieron a ayuda artificial. Para hacerlo, ellos
sintieron, que era lo mismo que ser puestos en la cima por
un helicóptero. Frédy, como buen instructor,
sabía que siempre debía ser el guía o
primero en subir y el último en bajar. Aunque Dorly
tenía suficiente experiencia para ser una buena líder,
prefería tener a Frédy de guía.
La familia le hacía bromas a Dorly, sobre su hábito
de proveer todas las cabañas en los Alpes de exprimidores
de jugo. A ella y a Frédy les gustaba el sabor de su
te con limones, y ella siempre llevaba un exprimidor en la
mochila. Cada vez que dormía en una cabaña,
se fijaba si había un exprimidor. Puso docenas de ellos
en los Alpes, y tenía una lista de las cabañas
que todavía no tenían uno. Es difícil
decir, si eran útiles para otros, además, disfrutaba
con hacer esta contribución para la comodidad de otros.
Lo mismo era un ritual, de asegurarse de que la cabaña
que utilizaban quedara, mejor que cuando habían llegado.
Ante la insistencia de Frédy, Sandoz le permitió
vivir y trabajar en el distrito de Vaud. Los Marmillod, decidieron
quedarse permanentemente en Vaud, y en el año 1968,
construyeron una casa para ellos en Féchy, un pequeño
pueblo a 20 kilómetros al Oeste de Lausanne. La vista
era maravillosa. En primer plano, yacía el pueblo pintoresco,
con una población de 300 personas y la iglesia. Más
allá, el lago Génova, que se veía casi
completo. Llamaban a su casa Survigne, por estar elevada en
una colina cubierta de viñedos.
Survigne, estaba localizada convenientemente para poder navegar,
escalar en roca y hacer una vida próxima a la naturaleza.
Tres de las hijas vivían en ciudades cercanas. Frédy
solía encargarse del cuidado del jardín, un
pasatiempo que le gustaba cada vez más con el pasar
de los años.
Elvira se quedó en Argentina cuando los Marmillod se
fueron de América del Sur, pero no se olvidaron de
ella. Cuando Christiane se casó en el año 1975,
el regalo de Mariette para ella, fue arreglar en secreto,
que Elvira fuera a su casamiento. El encuentro fue una experiencia
emocional para todos. Ahora, conocida como Elvira Barrios
Gondar, casada, con dos hijos en Buenos Aires. Ella vivía
no muy lejos de Françoise Marmillod, quien también
habitaba en Buenos Aires, con su esposo y una pequeña
hija.
En el año 1974, Pakistán abrió el Karakorum
por primera vez en muchos años, un evento que volvió
a encender los intereses de montañismo como Frédy.
Uno de los sueños más grandes de toda su vida
era escalar el Himalaya, y el Baltoro, que le parecía
el valle de montaña más imponentemente hermoso
de la tierra. Él y Dorly unieron fuerzas con dos amigos,
Doctor Daniel Bach y Romaine Ebner, y juntos planearon una
expedición. Observaron y estudiaron mapas, para escalar
un buen pico de 6.000 metros, en el que buscaron caminos,
y encontraron uno en el Grupo Karfogang en la cabeza del Glaciar
Mustagh.
Llegaron a Skardy a fines de 1977; por una serie de problemas,
nunca alcanzaron su objetivo original. Para cuando llegaron,
el clima cálido había hecho crecer los ríos
y provocó las crecidas muy abundantes de los mismos
y también que se desbordaran, un acontecimiento común
en esta época del año, arrastrando consigo puentes
y haciendo difícil y peligroso el camino a pie. Tuvieron
que esperar una semana, hasta que el puente sobre el río
Indus fue reparado. Una vez pasado el río Braldu; parte
de su comida se arruinó por el calor durante esos días.
Para cuando llegaron a Liligo, había comida insuficiente
para llegar hasta la cima del Glaciar Mustagh. El campamento
base se estableció en el Liligo, debajo de su nuevo
objetivo, la cima Oeste, de 6.368 metros, del Urdukas.
La primer noche en el campamento base, los Marmillod llevaron
su carpa a lo que parecía un sitio muy bueno, casi
perfecto, un barranco de arena al lado de un arroyo. Se levantaron
en la mitad de la noche y encontraron su carpa flotando. Bloques
de hielo habían embalsado el arrollo y cambiado su
curso. Por suerte, no se habían hecho daño y
tampoco algunos de sus cosas, luego, movieron su carpa a un
lugar más seguro. Desafortunadamente otros elementos,
como por ejemplo los aparatos para la altitud, ubicados en
la cercanía de la riada fueron llevados, por la creciente.
El campamento alto fue instalado en la parte Norte de Urdukas,
aproximadamente a 5.000 metros, y al otro día, los
escaladores se trasladaron a los 5.900 metros. Una montaña
expuesta defendida por gendarmes, que custodiaban la pirámide
de nieve final. La última travesía, requeriría
un duro trabajo, otro campamento y más comida de la
que ya no había. El grupo tuvo que admitir que habían
perdido su última oportunidad para llegar a la cima
en el Baltoro Basin. Se fueron, decepcionados, pero agradecidos
por las amistades que habían crecido fuertemente entre
ellos, ante tanta adversidad, pero ante una rica experiencia
en montaña y en lo personal.
El Doctor Daniel Bach, recuerda algunas de las contribuciones
de los Marmillod hacia la expedición: "Frédy
organizó la expedición con un cuidado meticuloso;
era paciente y firme en las discusiones con el prefecto de
Skardu sobre la reapertura del puente en el Induls. Dorly,
pasó por cada momento difícil con diversión
y buen humor. Eran fuertes excursionistas. Años de
ejercicio constante habían mantenido a los Marmillod
en una condición física excepcional, para la
edad que en esos momentos tenían." Frédy,
en ese entonces tenía 68 años y Dorly, 63 años;
pero el trajín en la salida en el himalayas, el calor,
las frustraciones, y trabajo duro del mes en el Karakorum,
los deterioró bastante a los dos, aunque más
lo había sentido Frédy, quien necesitó
varios meses de recuperación, para volver con toda
su fuerza.
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